Guillermo Justicia es un diseñador de moda independiente, y su nombre bautiza también su marca con sede en Barcelona. En su proyecto, Justicia acerca la moda al arte e incorpora la inspiración —siluetas, volúmenes, texturas— de la naturaleza.
Cada temporada da forma a un universo conceptual nuevo, para ofrecer una experiencia única al cliente. “Más allá de diseñar ropa o accesorios, quiero crear experiencias emocionales y visuales que permitan a las personas sumergirse en la narrativa de cada colección”. Crea colecciones atemporales y versátiles, y con este enfoque busca que las piezas sean queridas, conservadas y utilizadas durante mucho tiempo.
Entrevistamos a Guillermo durante la sesión de fotos de la campaña del 10º aniversario de Moritz Feed Doc, con Félix Valiente detrás de la cámara.
¿Cuál es tu punto fuerte como creador?
Lo que más me gusta es desarrollar nuevas colecciones conceptuales y muy diferentes entre sí. Experimentar y crear un universo nuevo cada vez. La mayoría de marcas apuestan por una estética constante cada temporada, y a veces pienso: ¿se reconoce mi estilo? Pero quiero seguir experimentando y buscando mi lenguaje. También es importante tener una parte de la colección más comercial, para sostener la estructura.
Tu momento preferido.
Crear el desfile es muy emocionante. Es el entorno donde las piezas fuertes de la colección se entienden mejor. [Nos muestra en la pantalla del móvil un jersey muy voluminoso de lana merino de trashumancia de León. Pesa 5 kilos. El jersey forma parte de la colección Void y está tejido por Esther Santamaría].
¿Cómo trasladas esta visión de marca a las redes?
Estoy trabajando en ello, porque hasta ahora lo he llevado de manera muy editorial, muy ‘curated’, con fotos de desfile, etc., y echo de menos mostrar a todas las personas que hay detrás de un proyecto. La parte más personal de la marca. Esta naturalidad más casera me gusta, aunque estéticamente quede menos depurada. En otras marcas me gusta verlo.
¿Cómo separas la marca en el taller y en tu casa?
No puedo (ríe). La ropa de la marca está repartida por toda la casa. Con el tiempo he visto que lo más práctico es tener piezas a mano, porque se hacen envíos con muy poco margen y tienes que moverte rápido. Vivo con mi familia. Mi abuela era modista. Cuando tengo que coser algo a mano le pido ayuda. Lo llevan bien, tienen paciencia. Ahora mismo tengo cajas grandes en el comedor, el burro en el pasillo. No tengo un horario, trabajo todo el día. Quizá llega la hora de comer y yo tengo toda la mesa ocupada con telas, y lo muevo todo a otro espacio.
¿Te compras mucha ropa?
Nada. Tengo dos pantalones que me pongo siempre, y visto mis muestras o prototipos. Uso la ropa muchos años, me gusta repetir y gastar. También alguna vez he comprado cosas no para vestir sino porque me gusta mirarlas y estudiarlas.
¿Las marcas independientes del país tenéis comunicación entre vosotras?
Sí. Mis amigos más cercanos no se dedican a la moda, pero con el paso del tiempo y las experiencias compartidas vas haciendo amigos en la profesión: diseñadores, fotógrafos, maquilladores, modelos, etc. Entre las pequeñas marcas nos llevamos bien. En este trabajo se pasa mal y va muy bien ayudarse, comentar las situaciones y ver que estamos todos igual.
¿De qué diseñador te gustaría ver un documental?
Por ejemplo de Comme des Garçons o Iris Van Herpen. En general, me gusta seguir marcas que no son de mi estilo. Cosas que yo no haría, pero que conceptual y técnicamente son impecables.
¿Qué film de la programación de este año recomendarías?
Difícil elegir solo uno, de hecho ya tengo previsto ir a unos cuantos. Tengo muchas ganas de ver The Designer is Dead, el documental de Miguel Aldover, por la posición tan crítica que siempre ha mantenido con la industria de la moda; me interesa ver más de cerca esta mirada sobre el sistema y su trayectoria.





